Facultad de Ciencias Sociales
Departamento de Ciencia Política
 

  ISSN (versión en línea): 1900-6004 colombiainternacional@uniandes.edu.co    

   
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Para citar este artículoRevista No 51
Título:Un acercamiento al actual éxodo colombiano al exterior
Autor:Gloria Ayala, Suzy Bermúdez Q., Ann Masón y Pilar Murcia[1]
Tema: Varios
Enero - Abril 2001
Páginas: 87 - 97
   
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Un acercamiento al actual éxodo colombiano al exterior

Gloria Ayala, Suzy Bermúdez Q., Ann Masón y Pilar Murcia[1]

Articulos


Resumen

Este artículo ofrece un análisis desde cuatro perspectivas de la situación actual de la migración en Colombia. En primer lugar, ubica el fenómeno en el contexto global, dando cuenta del modo como algunas causas internas se ven exacerbadas por la influencia de un marco que desborda los límites nacionales. En segundo lugar, establece algunos antecedentes históricos incluyendo una reseña de los estudios realizados sobre el tema. En tercer lugar, enfatiza el panorama contemporáneo de las migraciones nacionales enunciando las razones aducidas al aumento de este, y finalmente señala algunas implicaciones del éxodo actual frente a la ausencia de una política migratoria por parte del estado colombiano.

Palabras Clave
Migración, flujo global de poblaciones, mercado global de trabajo, desplazamiento, políticas migratorias colombianas.


Abstract

This article offers an analysis of the current migration situation in Colombia from four ~* distinct angles. First, it situates this phenomenon within the global context, while explaining the ways in which some internal causes of migration are exacerbated by an international framework that criss-crosses national borders. Second, the article establishes some historical precedents, including a review of those studies conducted previously on the topic. Third, it explores more recent problems of national migration, offering several explanations for increases in migration flows. Andfinally, the article highlights a series of implications ofthe current exodus in light ofthe absence of a Colombian governmental migration policy.

Keywords
Migration, global population flow, global labor marked, displacement, Colombian migration policy.
 

Introducción

En la actualidad se presenta un cambio notorio e inquietante en el campo de las migraciones colombianas, ya que por primera vez, en forma dramática, un alto porcentaje de la población está abandonando el país. Este artículo se aproxima al tema desde las cuatro dimensiones que se señalan a continuación: primero, presenta el contexto de la migración global dentro del cual se enmarca el caso colombiano; segundo, efectúa una breve reseña histórica de la migración colombiana; tercero, señala las características de esta nueva ola de emigración en el país; y para terminar, expone algunas de las implicaciones que tiene para el país la ausencia de una política migratoria y el mencionado éxodo.

El contexto global

Desde el Siglo XIX Colombia se ha caracterizado por significativos movimientos poblacionales, tanto al interior de sus fronteras como hacia el exterior. Pero es durante este último decenio que el fenómeno se ha incrementado por múltiples razones, tales como la crisis económica, el conflicto armado, la inseguridad ciudadana, el narcotráfico y la crisis de valores e identidad nacional. De esta manera se ha generado un preocupante éxodo tanto interno como externo con graves implicaciones para el país (Molano, 2000).

Para una mejor comprensión de la migración colombiana es necesario considerar el asunto dentro del contexto más amplio del flujo global de poblaciones. Si bien a través de la historia la gente ha migrado en búsqueda de nuevas oportunidades o para escapar de condiciones opresivas, la cifra de las migraciones globales hoy en día alcanza niveles sin precedentes. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que en el año 2000 los migrantes internacionales -ambos voluntarios y forzados- sumaron más de 150 millones de individuos (International Organization for Migration, 2000). Dadas las consecuencias económicas, sociales, políticas y de seguridad tanto para los países expulsores como para los receptores, el tema de la migración se ha convertido en uno de los asuntos más importantes de la agenda global.

Una clara tendencia de esta nueva ola de migraciones internacionales masivas es la incidencia creciente de los factores que presionan a la población de países en vía de desarrollo hacia los países desarrollados, siendo ésta la característica más marcada de la migración voluntaria global actual (Widgen, 1990). Entre las condiciones domésticas con mayor influencia se encuentran el conflicto armado, la inseguridad, los desplazamientos internos, los problemas demográficos y ecológicos asociados con la sobrepoblación y los severos límites sobre el dinamismo económico y el empleo.

Si bien Colombia comparte con otros países del sur las características internas asociadas con altos niveles de emigración, las políticas y los procesos internacionales también juegan un papel crucial en promover el desplazamiento transnacional. Es decir, existen factores externos que propician la atracción de las poblaciones y complementan las condiciones locales que motivan a las personas a salir hacia el exterior. Las políticas de inmigración, asilo y ciudadanía; las condiciones sociales relacionadas con comunidades transnacionales y con la diáspora, y las oportunidades económicas en el exterior son algunos de los factores internacionales altamente correlacionados con los movimientos migratorios (Meyers, 2002). En un sentido más amplio, para la migración internacional las consecuencias de la globalización han sido considerables (Castles, 1998). Igual que el movimiento rápido de la información, de las imágenes, del capital, de los bienes y servicios y de las ideas, hoy en día individuos y familias también se desplazan por el mundo con relativamente pocas restricciones[2].

Además de estimular el flujo poblacional, el marco global ha cambiado radicalmente las percepciones acerca de la legitimidad y posibilidades relacionadas con la migración. Estos nuevos procesos globales son factores claves para un entendimiento más profundo del fenómeno, ya que han redimensionado algunas de las causas internas subyacentes de la misma.

La globalización económica estimula la transferencia de poblaciones en la medida en que genera un mercado global de trabajo, promoviendo así migraciones masivas de pobladores de los países del sur hacia los países industrializados del norte en búsqueda de mejores oportunidades económicas. La integración regional también ha generado una mayor movilidad de las poblaciones, como lo afirma la OIM, los "flujos migratorios y económicos se han intensificado a partir de nuevos bloques económicos: la Unión Europea, el Tratado de Libre Comercio, el Mercosur y potencialmente la Comunidad Andina." (OIM y DAS, 1999:10). Así mismo, la transformación en las tecnologías de comunicación y los consecuentes procesos transnacionales múltiples, han propiciado cierta reducción tanto de la territorialidad de la experiencia humana, como de la relevancia del Estado-Nación. Cambios en la forma en que trabajamos, nos comunicamos e interactuamos han afectado profundamente la relación entre espacios territoriales, lealtades nacionales e identidad (Mandaville, 1999). En ciertos casos las identidades nacionales se diluyen en la medida en que asociaciones locales se debilitan y se forman así mismo nuevos nexos regionales, transnacionales y globales. También se ha mostrado que el debilitamiento del lazo entre territorialidad e identidad permite el "es-tiramiento"[3] (Mandaville, 1999) de las identidades a través de las fronteras, generando el mantenimiento de comunidades nacionales y políticas "en el exterior" y la construcción de comunidades transnacionales[4](Mandaville, 1999); ambos procesos contribuyen a la creciente movilidad de la población global.

Finalmente, la globalización ha servido para estimular varias de las condiciones internas más correlacionadas con la emigración, dinámica que es particularmente manifiesta en países pobres y pequeños. La inserción de las economías nacionales en la economía global, por ejemplo, puede llevar a dislocaciones económicas y sociales que a su vez fomentan la migración (Masón, 2001). En el caso colombiano, la demanda global por los estupefacientes propicia la industria del narcotráfico generando condiciones domésticas que inciden en la expulsión de personas del territorio nacional.

Tendencias históricas

Como se mencionó, es conveniente recordar que en Colombia el problema de la migración no es nuevo. Lo que constituye un hecho sin precedentes es que en la actualidad el desplazamiento afecta a todos los sectores de la sociedad (Villaveces-Izquierdo, 2000). Este fenómeno se presenta de forma más aguda en ciertas localidades y regiones que en otras.

En lo que concierne a las migraciones internas, los flujos de población están relacionados con: los procesos de urbanización, particularmente notorios después de los años cincuenta; la expansión de cultivos estacionales, tales como el café, el algodón, la papa y más recientemente los cultivos ilícitos; el desplazamiento de amplios sectores de población por el conflicto armado, tanto en época de la llamada "Violencia" de mediados del Siglo XX, como la que afecta al país en estos últimos años; y las desigualdades e inequidades de diferente orden que han caracterizado su historia. En el último decenio, debido a la agudización de la crisis ya mencionada, se ha presentado un grave y creciente éxodo interno, orientado no sólo hacia las ciudades, localidades y regiones de la Colombia continental que ofrecen mayor seguridad de diverso orden, sino en forma minoritaria hacia la isla de San Andrés. A esta diáspora se puede añadir, aproximándonos al país desde una mirada más amplia, que la población guerrillera, paramilitar y el ejército se caracterizan por tener un notorio índice de movilidad espacial[5].

En lo relativo a las migraciones externas, en el contexto internacional Colombia se ha caracterizado por un bajo nivel de recepción de inmigrantes en contraste con el número de personas que salen del país (Mármora, 1990:1). Desde el siglo pasado se empezaron a gestar dos modalidades de emigración. En primer lugar, están las migraciones laborales que se dirigieron especialmente hacia Venezuela y Ecuador hasta la década de los ochenta[6]. Estas migraciones estaban relacionadas con problemas económicos y políticos, en los que factores como las crisis en el agro, el desempleo y sub-empleo, las monedas diferenciadas y, en algunos casos, el éxodo político ocasionado por los múltiples conflictos armados (Bermúdez, 1976) ocurridos hasta hace unas décadas en el territorio nacional, fueron sus determinantes.

En lo que concierne a este último problema, tales movimientos se realizaron de forma estacional a través de procesos de colonización, como ocurrió en el caso de Santo Domingo de los Colorados en Ecuador y en los llanos venezolanos; o también por procesos de urbanización, como sucedió en los mismos dos países.

El mayor número de migrantes, según lo muestran los estudios realizados en los setenta y ochenta (Mármora, 1990:2), corresponde a colombianos/as poco y medianamente calificados/as e ilegales, en condiciones de inserción tanto en el mercado de trabajo como en el cotidiano en general, bastante precarias. La segunda característica destacada de emigración de nacionales fuera de la región es que ésta se da principalmente hacia los Estados Unidos, con porcentajes que contrastan con los registrados en otros países americanos y europeos (OIM, 2000b:l y 7)[7]. Hacia el país del norte, el flujo de personas se caracteriza por ser una fuerza de trabajo semicalificada y calificada (OIM, 2000b) y, al igual que en el caso de las migraciones fronterizas, constituida en su mayoría por indocumentados/as.

Es de señalar que en el decenio de los setenta y los ochenta, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), propició la realización de investigaciones y acciones para proponer políticas y programas relacionados tanto con los movimientos internos antes mencionados, como con los fronterizos y la fuga de cerebros. La estrategia de investigación se impulsó desde centros superiores de educación tales como la Universidad de Antioquia, la del Valle y la de los Andes, con el suministro de información sobre las características de los movimientos laborales internos y hacia los países vecinos. Igualmente se invitó a expertos de otras naciones para apoyar esa labor (Brusa, 1978; Mármora, 1979).

En el caso de las migraciones fronterizas se realizaron trabajos sobre Venezuela (Murillo, 1979), Ecuador (Ugarte, 1979) y Panamá (Torales, 1979); en ese entonces se estudió el marco jurídico y administrativo para hacer propuestas que consultaran las necesidades del momento (Mayansky, 1978); se diseñaron programas orientados a asistir a los/as migrantes ilegales deportados/as a las ciudades fronterizas -Cúcuta, Maicao y Arauca- (Bermúdez, 1978), al igual que a buscar protección laboral para los migrantes estacionales que trabajaban en el sector rural; y se impulsó una labor interinstitucional para respaldar el apoyo del estado a los/as migrantes internos/as y a los/as que se dirigían fuera de las fronteras. En este último caso, se buscó la colaboración de los países vecinos y se trabajó igualmente con el propósito de facilitar el retorno de cerebros fugados, problema que desde ese entonces se identificaba como un tipo de desplazamiento preocupante.

Las acciones interinstitucionales adelantadas en el caso de las migraciones fuera del país se realizaron con la Cancillería, el Secretariado Nacional de Pastoral Social (Iglesia Católica), Colciencias, ICFES y en particular con los/as representantes de los países fronterizos, por ser este el principal problema en su momento, pues los/as colombianos/as constituían hasta los años ochenta el número más alto de inmigrantes en países como Venezuela y Ecuador (Mármora, 1979:32). Los trabajos consultados muestran que a partir de la crisis de los ochenta este flujo de población tendió a disminuir, presentando en los últimos decenios otras particularidades. Sin embargo, Colombia mantuvo el primer lugar como país con mayor circulación de personas dentro del Grupo Andino (OIM, 1993).

El panorama actual de las migraciones hacia el exterior

En los últimos años la migración se ha incrementado de tal forma, que presenta en la actualidad características preocupantes. Pese a que las estadísticas que se publican en la prensa y las que ofrece el gobierno no siempre coinciden, el panorama general que se presenta a continuación da cuenta de ello.

De acuerdo con datos suministrados por El Espectado r (2000) 1.000 familias llegan cada mes a Miami. Según los datos presentados en el artículo de El Tiempo del domingo 13 de agosto de 2000, cuya fuente son las estadísticas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), 4.069.964 colombianos/as dejaron el país entre enero del 1997 y junio del 2000; de ellos/as regresaron 3.080.979, lo que revela un "saldo negativo" (saldo migratorio) de 988.985 personas. Esta situación parece acrecentarse, pues según estadísticas del DAS, el saldo migratorio mantuvo un aumento anual acumulado del 20%[8]. Este porcentaje es superior al año anterior, ya que al 30 de septiembre de 2000 el saldo negativo era de 225.165[9], sin considerar los/as connacionales que han salido de manera ilegal. De acuerdo con la Fundación Colombian American Association Service (CASA), con sede en Miami y que presta ayuda a los/as colombianos/as en esta ciudad, del total de los/as que se quedan, el 80% son de clase media, y entre un 70 y 80% corresponde a profesionales altamente calificados. Estos migrantes cuentan con experiencia laboral, con maestrías y doctorados (El Tiempo, 2000).

De otra parte, es notorio el incremento de solicitud de visas en las representaciones consulares de países como España, Gran Bretaña y Estados Unidos. De acuerdo con datos del DAS, el 90% de colombianos/as que viajan al exterior lo hacen con papeles en regla, y aquellos/as que no pueden conseguir las respectivas visas recurren a procedimientos ilegales apoyados por las redes de traficantes de emigrantes, que según esta misma fuente les pueden llegar a cobrar entre US$2.000 dólares por una visa adulterada y US$ 1.000 dólares por una falsa (El Tiempo, 2000b). De igual manera se ha reportado una duplicación en el número de capturados/as en la frontera entre México y Estados Unidos, donde los/as colombianos/as pagan hasta US$ 6.000 dólares por pasar por el "hueco" (El Tiempo, 2000b). La situación ha llegado a tales proporciones que el gobierno colombiano ha iniciado un censo de connacionales en Estados Unidos, tendiente a apoyar la solicitud ante este gobierno del Status Temporal de Protección (TPS) para los/as colombianos/as (El Tiempo, 2000c).

Las razones aducidas para este nuevo éxodo corresponden a una mezcla compleja de factores domésticos, que incluyen la crisis económica, social y política y la violencia e inseguridad crítica a la que ha llegado el país. Según la prensa consultada, son centenares los empresarios amenazados o con empresas en bancarrota, son miles los/as profesionales que ya no ven oportunidades de progreso en su propio país y decenas de miles de nacionales de todas las clases sociales que se encuentran desesperados/as por la violencia y la falta de oportunidades (El Tiempo, 2000d). De acuerdo con la encuesta realizada por la fundación CASA de Miami, de 300 familias que llegaron a ese país, el 90% está entre los 25 y los 50 años, el 43% atendía su propia empresa y el 41 % se desempeñaba en su profesión. De esta información se infiere que la mayoría de quienes se desplazan hacia los Estados Unidos son personas que representan no solo una fuga de capital humano, sino también una fuga de capital financiero.

Esta misma encuesta afirma que el 24% aduce como causa de su salida problemas económicos, dentro de los cuales podría señalarse el aumento del desempleo. El 76% indica el miedo o razones relacionadas con la violencia y la inseguridad generadas por el conflicto armado y el narcotráfico, causas particularmente evidentes en la salida masiva de colombianos/as hacia los países vecinos. En la medida en que estos factores se agudicen, el éxodo humano dirigido particularmente hacia el Ecuador, Panamá y Venezuela se incrementará. Se estima que hasta 200.000 colombianos/as cruzarán la frontera con Ecuador como consecuencia de la implementación del Plan Colombia (Cambio, 2000:37)[10]. Sin embargo el problema no se circunscribe a la región, como lo demuestra la presencia de 300 compatriotas en un campo de refugiados de Eisenhüttenstadet en Alemania (El Tiempo, 2000d).

Cabe resaltar que los/as desplazados/ as internos están rápidamente convirtiéndose en emigrantes o refugiados/as internacionales, ahondando el problema en estudio. La situación se agrava aún más si se tiene en cuenta que desde fines del año pasado, la migración de colombianos se ha internacionalizado no sólo como un problema de narcotráfico, sino de otro tipo de crímenes que se han manifestado y que afectan a los países receptores tales como España, Ecuador y Venezuela. Estos hechos: primero, generan mayores tensiones entre quienes habitan en dichas localidades y regiones y los/as recién llegados/as; segundo, inciden negativamente en el nivel gubernamental, particularmente en los acuerdos binacionales que la Cancillería colombiana ha buscado afianzar en los últimos años por medio de la intervención cooperada de los países receptores; tercero, fortalecen la xenofobia y la discriminación que pueda existir hacia los/as extranjeros/as restándoles posibilidades en campos como la cooperación, la democracia y la convivencia equitativa y respetuosa.

Externamente, el crecimiento económico en EEUU y Europa, en conjunción con una red social, económica y política creciente de colombianos en el exterior, han jugado papel importante en estimular la salida voluntaria. No obstante, cabría agregar que en tanto no se haga un estudio sistemático sobre la situación real de los/as colombianos/as fuera del país, no podrá establecerse la magnitud del problema, ni las motivaciones reales que en este momentó están determinando el éxodo de colombianos/as al exterior.

Implicaciones del éxodo frente a la ausencia de una política migratoria

La dimensión del éxodo lleva consigo una reflexión sobre su significado en términos de la pérdida de capital humano que está viviendo el país. Se trata de un fenómeno de incalculables consecuencias, puesto que significa, entre otros: la pérdida de experiencias, conocimientos, capacidades y sueños empresariales, financieros y académicos, difíciles de recuperar; un desangre de habilidades y aportes nacionales a la riqueza productiva, en este momento puestos al servicio del desarrollo de otros países; el riesgo de que en el futuro las siguientes generaciones de emigrantes no vuelvan; un alto costo para el avance del país y un peligro para el afianzamiento de la identidad nacional, la democracia y la equidad. En síntesis, el problema repercute en el futuro desarrollo de las generaciones jóvenes en Colombia.

El reciente trabajo realizado por la Misión Social para el Departamento Nacional de Planeación (DNP), revela que entre 1996 y 1998 la acumulación de potencial humano se había fortalecido a raíz de los programas gubernamentales que lograron incrementar los índices de escolaridad en la capital del país. No obstante, en 1999 este panorama cambió y desmejoró. Esta variación se percibe, de una parte, en la disminución de inscripciones de jóvenes en el sector privado de la educación y por otra parte, en la reducción significativa de inscripciones de estudiantes en instituciones tanto de secundaria como en el nivel universitario. Sin embargo, el mayor problema es la disminución de la escolaridad de los hombres y mujeres jefes de hogar y de los mayores de doce años, pues se esperaría que en el primer caso, el porcentaje existente se mantuviera y en el segundo se incrementara. La hipótesis que plantean los investigadores del DNP frente a tal cambio, se asocia con la emigración de colombianos/as, y con el hecho de que la población interna que ha migrado a Bogotá tiene un más bajo nivel de educación (Veeduría Distrital, 2000).

Según el estudio de Misión Social, entre 1998 y 1999 salieron cerca de 80.000 personas cuyo nivel educativo había alcanzado al menos tres años universitarios; según análisis del DNP, cada una de estas personas representó en matrículas, pensiones, transporte, y subsidios, una inversión del país por un valor de US$19.700 dólares/persona. Es decir, se ha perdido un capital humano equivalente a US$2.192 millones, cifra que representa más de la mitad de los gastos nacionales anuales en educación. Adicionalmente, las cifras anteriores no reflejan el costo económico del dramático incremento del flujo migratorio de los últimos meses.

Un artículo publicado por el periódico El Espectador (2000b), que cita un estudio del Banco Mundial, destaca el hecho de que en el contexto del desarrollo mundial el capital humano cada vez adquiere mayor valor, puesto que durante 1999 el 74% de la riqueza de los países más desarrollados estaba representada en su gente, mientras que sólo el 3% se relacionaba con los recursos naturales y el 23% con los bienes terminados. Tanto en Colombia, como en los países en vía de desarrollo, el recurso humano representa cerca del 60% de su riqueza, los recursos naturales el 23% y los bienes terminados el 17%. Nos preguntamos entonces: ¿Cuáles son las posibilidades de recuperación, desarrollo y oportunidades del país a mediano plazo, si una parte importante de su capital humano calificado se ha ido?

Si bien el estado colombiano ha dictado una serie de normas relativas a las migraciones internacionales, está próximo a imple-mentar un nuevo estatuto de visas de inmigrantes, y tiene algunos programas de prevención de salida y mantenimiento de vínculos con el país, es necesario elaborar una propuesta más amplia para plantear una política migratoria. Esta debe responder a la realidad actual de Colombia y de los países hacia donde se están dirigiendo los/as colombianos/as, al igual que contribuir a reordenar los instrumentos de acción, y a utilizar mejor los recursos existentes[11].

El estado está en mora de asumir su responsabilidad frente a esta población emigrante, pues darle la espalda sería reafirmar una "política de olvido y abandono" a la que han estado sometidos y por la cual en algunos casos, fueron conminados a emigrar (El Tiempo, 2000f). Sin embargo no es tarea fácil: recordemos que la elaboración conceptual sobre el "desarrollo", la "democracia", la "justicia", la "legislación", las "relaciones internacionales" y los "espacios fijos de repre-sentatividad y participación" se llevó a cabo desde imaginarios que consultaban ámbitos letrados sedentarios. Por consiguiente, se trata de un reto significativo, no sólo para las entidades gubernamentales y no gubernamentales que tienen que ver con el problema, sino para la academia.

Para la OIM, es visible y notoria la ya mencionada carencia de políticas y/o programas destinados a retener a la población nacional potencialmente migrante, en particular en los niveles de calificación medianos y altos (OIM, 2000a). Siendo así, se considera aún más difícil proponer en la actual coyuntura, políticas y programas de retorno poblacional, a pesar de que el 69% de los/as participantes de una encuesta realizada a 8.909 mujeres y hombres nacionales en el exterior, en julio de 1999, señaló que quería regresar al país, pero que lo veía viable cuatro años más tarde (El Tiempo, 2000d).

De igual manera, el mundo globalizado exige a todas las naciones incluir el tema migratorio en las agendas de seguridad. En el caso de nuestro país, éste se encuentra en las agendas con Naciones Unidas, grupos regionales, y los países andinos y fronterizos. Sin embargo, dada la tendencia que se vislumbra del problema, este tema debería estar más presente. Esto ayudaría de manera significativa a que profesionales nacionales lleguen a otros países en mejores condiciones y puedan, en un momento determinado, ser protegidos/as por la legislación internacional para migrantes. Así, en un futuro cercano podrían retribuir de diferentes formas a su país de origen y a mediano plazo, al menos algunos/as de ellos/as, regresar, como ha ocurrido en otros países[12].

Pero no todo es negativo frente a la partida de colombianos/as hacia el exterior. Al consultar la experiencia vivida por países expulsores tales como México o España, las actividades laborales de los connacionales en el exterior se convirtieron en una fuente importante de ingresos económicos. Según el Ministerio de Hacienda, las remesas enviadas por los colombianos residentes en el exterior el año pasado sumaron $920 millones de dólares, suma que excedió los ingresos de capital extranjero por exportaciones de ferroníquel, esmeraldas y banano, y constituyó el 1.1 % del Producto Interno Bruto en el 2000 (Cambio, 2000b). Estos giros de colombianos emigrantes no sólo representan una ayuda económica importante para muchas familias, sino vigorizan la economía nacional. Otras repercusiones económicas de la emigración incluyen un aumento en las exportaciones, y el alivio de la crisis laboral interna al permitir el empleo temporal de colombianos en el exterior. A largo plazo, quienes se han capacitado en el exterior, si regresan al país, contribuirán a generar nuevas habilidades, técnicas y conocimiento en diferentes campos.

En el presente, se empiezan a generar tensiones entre las personas que han decidido quedarse en el país y quienes han partido por diferentes motivos. Si tenemos en cuenta experiencias como la chilena, la brasileña y la de Bosnia-Herzegovina, debemos prever que en el momento del retorno de parte de la población emigrante, tales tensiones pueden llegar a convertirse en un fenómeno de difícil manejo. No debemos olvidar que en la gran mayoría de los casos la gente emigra porque el país no le ofrece condiciones dignas de vida y que adicionalmente, la estadía fuera del país no siempre se presenta en las mejores circunstancias (Villaveces-Izquierdo, 2000; Idagarra, 2000). Además, si bien la partida de los/as connacionales genera una pérdida, este movimiento poblacional se puede convertir en una estrategia de supervivencia temporal o definitiva, no sólo para los/as emigrantes, sino para quienes se quedan. Así mismo, nos preguntamos si la pérdida temporal o definitiva de cientos de miles de connacionales es otro de los costos (sin olvidar el grave problema del éxodo interno) que las familias que permanecen en Colombia tienen que transar para tener la esperanza, o por qué no la certeza de un mejor vivir y un poco de paz.
 

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[1] Las cuatro autoras son integrantes de un grupo interdisciplinario coordinado por Suzy Bermúdez Q. que trabaja en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes el tema del éxodo colombiano. Agradecemos la colaboración prestada por el senador Rafael Orduz a través de su asistente Jimena Peña para tener acceso a parte de la información estadística que se presenta en este artículo al igual que la embajadora Melba Martínez, directora de la División de Comunidades Colombianas y Asuntos Consulares de la Chancillería, por la información correspondiente a las acciones que está desarrollando esta institución gubernamental con los/as connacionales fuera del país. Finalmente, al apoyo prestado por Diana Urbano. «« Volver

[2] Es importante señalar cómo políticas migratorias cada vez más restrictivas adoptadas en Europa y Norte América, si bien frenan la tendencia de la migración legal, han generado un aumento en el número de migrantes ilegales. «« Volver

[3] En inglés se refiere al "stretching of identities" en contextos transnacionales. «« Volver

[4] Para el concepto relacionado de "tmnsversality", véase Soguk y Whitehall (1999). «« Volver

[5] Los estudios que se han realizado sobre estos sectores de la población, muestran el factor antes mencionado, pero no han profundizado sobre la relaciòn entre movilidad espacial y gobernabilidad con la importancia que se requiere. «« Volver

[6] En los años ochenta, el 60% de los/as extranjeros eran colombianos/as. El 70% de los/as extranjeros/as residentes fuera del país vivían en Venezuela. «« Volver

[7] En el informe elaborado por la OIM y el DAS, se indica que en el año 1999, el 46.4% de las salidas de colombianos/as fue hacia Estados Unidos (1999:31). «« Volver

[8] Según estadísticas del DAS entre el año 1996 y el año 1999, salieron del país y no regresaron 790.140 colombianos/as (OIM y DAS, 1999b). «« Volver

[9] Datos estadísticos Dirección de Extranjería, DAS. Bogotá, noviembre de 2000. «« Volver

[10] Hasta el Departamento de Estado de los EEUU estima 40.000 desplazados a Ecuador. «« Volver

[11] Tales como el sistema de información vía web, la radio y los grupos de apoyo a connacionales. «« Volver

[12] Se está pensando como ejemplos en España, México, Chile. «« Volver

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